¿POR QUÉ EMIGRARON LOS CROATAS?

 

Croacia es un país extremadamente emigrante. Se estima que desde los años 70 del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, alrededor del 14 por ciento de la población se mudó de ella. En periodos posteriores, los flujos de emigración se debilitaron algo (si no tenemos en cuenta los trabajadores invitados de mediados de los años 60 del siglo 20) pero, teniendo en cuenta el número de habitantes de Croacia, siempre fueron intensos. Solo las direcciones del movimiento y la estructura regional, de edad, de género y profesional de los emigrantes han cambiado con el tiempo.

Es imposible determinar cuántos croatas y sus descendientes viven en la diáspora, pero se estima que hay aproximadamente tantos en la diáspora como en Croacia. En 1959, diario de Split ‘’Slobodna Dalmacija’’ publicó un artículo en el que Ivan Lupis Vukić escribía sobre el número de emigrantes y publicaba datos del Servicio estatal de emigración, según los cuales el número de emigrantes croatas rondaba los 1.600.000, de los cuales unos 930.000 estaban en América del Norte. Uno de cada cinco croatas era emigrante, principalmente de Brač, Hvar, Korčula, Solta y la costa de Makarska. Había Bračani (los de la isla de Brac) en América del Sur y del Norte, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, mientras que los de la isla de Hvar eran la mayoría en América del Sur.

Hasta la Primera Guerra Mundial, Dalmacia era una parte remota de Austria-Hungría, centrada principalmente en la agricultura. Debido a la naturaleza de la tierra, se cultivaba principalmente cebada, maíz y trigo, pero en cantidades insuficientes. Los productos agrícolas más importantes fueron las aceitunas y la vid, así como una ganadería bastante desarrollada: la cría de ovejas y cabras. Las conexiones de transporte con el continente eran insuficientes. La industria también estaba escasamente desarrollada y las ocupaciones intelectuales eran pocas. Tal estructura económica también determinó la estructura del asentamiento. Había pocos pueblos, por lo que en 1848, el más grande fue Split con 10.700 habitantes. La población rural e insular era mucho más numerosa. Con una decisión política, Austria redujo los aranceles aduaneros con Italia, lo que permitió la penetración de los vinos italianos en el mercado dálmata y asestó un duro golpe a la economía dálmata. Esta, asi llamada ‘’Cláusula del vino’’ estuvo en vigor desde 1891 hasta 1904. Después de eso, siguieron las enfermedades de la vid, por lo que la viticultura dálmata nunca se recuperó.

 

      Split en fin del siglo 19 (archivo de Branka Bezić Filipović)

 

                             Mercado de Split en 1906 (archivo de Branka Bezić Filipović)

 

Además, no era posible mantenerse al día con los nuevos logros, la navegación se hacía con velas en la era de los barcos de vapor. Pocos se adaptaron a las nuevas condiciones como la familia Kozulić de Mali Losinj, un lugar donde a finales del siglo 18 y 19 había 154 veleros, 41 de los cuales podían, gracias a su tamaño, navegar fuera del Adriático. Tuvieron una primacía inalcanzable en Austria entre 1855 y 1870, pues en ese momento navegaban en los veleros Lošinj alrededor de 1.400 capitanes y marineros. Después de eso, la flota mercante de Losinj comenzó a disminuir debido a la competencia cada vez más feroz del transporte marítimo de vapor. La familia Kozulić inició el negocio familiar en 1857 cuando Antonio Fortunato Kozulić (1816 – 1884) construyó el bergantín ‘’Fides’’, el primero de cuatro veleros familiares.

Sus hijos Fausto (1845 – 1908), Callisto (1847 – 1918) y Alberto (1949 – 1927), viendo que los veleros pasaban a la historia, trasladaron el negocio a Trieste y se asociaron con sus parientes de Venecia y compraron el vapor ‘’Elena Cosulich’’. Al año siguiente tenían tres barcos de hierro, y en 1900 tenían quince. Su compañía naviera se llamaba ‘’Fratelli Cosulich’’(en italiano hermanos Cosulich). Después de introducir una línea regular en América del Norte, en 1902 transformaron la empresa en Austro-Americana (Unione Austriaca di Navigazione). Al final de la Segunda Guerra Mundial, toda la familia se mudó a Italia, y la empresa todavía existe y opera en el transporte marítimo y aéreo. Se anuncian con el lema: ‘’Ya sea mar, tierra o aire, confía en el que lo sabe todo’’.

 

 

       Anuncio de Cosulich line (archivo de Branka Bezić Filipović)

 

   Pasaje de Cosulich line (archivo de la familia Franulović de Argentina)

 

                 

 

Los Kozulić fueron un ejemplo de familia que se adaptaba a las nuevas circunstancias, pero no todos eran así. Numerosos armadores y marineros perecieron a lo largo de toda la costa, hasta Boka Kotorska, hasta donde llegaba Dalmacia en ese momento. Durante los siglos 18 y 19, la familia Bjelovučić, comerciante marítimo y armador, vivió en Janjina en la peninsula Pelješac. La familia produjo una treintena de capitanes que navegaron por el Mediterráneo bajo bandera croata. Nicolás el Grande (1814 – 1889), Stjepan (1815 – 1881) y Nicolás el Pequeño (1820 – 1878) fundaron una compañía naviera en 1835 llamada ‘’Parientes Bjelovučić’’. La sede de la empresa estaba en Janjina y disponían de 27 veleros, que construían en los astilleros de la costa croata, y llevaban los nombres ‘’Sklad’’, ‘’Danica’’, ‘’Vila’’, ‘’Ljubirod’’, ‘’Zvonimir’’ y similares, que expresaban claramente su pertenencia a la reactivación nacional. El hijo de Nikola Mali, Stjepan Bjelovučić (1847 – 1901) fue representante del pueblo en el parlamento dálmata y alcalde de Janjina, quien construyó un muelle en el puerto de Drače en 1890. La compañía naviera ‘’Rođaci Bjelovučić’’ tuvo que cerrar en 1895 porque no era competitiva con los barcos de vapor. Luego vendieron el último velero, ‘’Mati Ane’’, y permanecieron en el transporte marítimo solo como accionistas de las primeras compañías navieras de Dubrovnik y Pelješac.

En la vorágine de las nuevas circunstancias, la población comenzó a emigrar espontáneamente a todos los rincones del mundo. En el período de 1899 a 1920, 40.000 personas emigraron de Dalmacia, arrastradas por historias de hacer dinero. Era posible, pero no sencillo, así que como en todo, sólo triunfaban los más fuertes. Al principio emigraban hombres entre 18 y 30 años, pero no era raro encontrar entre ellos chicos de 13-14 años. Primero se hizo para sobrevivir y pagar el viaje, y luego para ayudar a la familia en la zona del origen. Así, la economía dálmata descansó en gran medida sobre los emigrantes, lo que en un principio parecía beneficioso, pero, según el historiador Ljubomir Antić, los beneficios fueron temporales y los perjuicios de gran alcance.

Aproximadamente el 30% de ellos regresaron, de los cuales un número menor se hizo rico y la mayoría con poco o nada de dinero. Las mujeres que emigraron rara vez regresaron y, en la mayoría de los casos, no estaban calificadas.

Los jóvenes abandonaron su tierra natal también para evitar el servicio militar, que duraba cinco años, y en caso de regresar eran sometidos a severos castigos por ser considerados prófugos. En agosto de 1897, el representante de Stari Grad de la isla de Hvar, Juraj Biankini, consiguió paliar en parte esta situación al presentar una resolución en el Parlamento dálmata y el Consejo Imperial de Viena, en la que pedía un indulto real para los emigrantes que no podían regresar por motivos militares y con motivo de los 50 años de reinado de  Emperador y Rey Franjo Josip.

La mayor parte de la población insular y rural se mudó, y luego también abandonaron las ciudades. En diario de Trieste ‘’Tršćanski Lloyd’’, bajo el título ‘’Emigración’’, en 1905 se escribió sobre las salidas de Split, que en ese momento tenía unos 19.000 habitantes, y se dividía en Grad, Lučac y Veli Varoš:

‘’Hasta ahora, Split ha aportado un número muy reducido de emigrantes. Este año, más de 50 personas de Split se mudaron de Split en los últimos diez meses, principalmente a Norteamérica. La administración del distrito local emitió 440 pasaportes en el año pasado 1904. Este año, hasta finales de este mes ya se emitían 700.’’

Antes de llegar a Nueva York, todos los barcos atracaron en la sila Ellis Island, donde los colonos fueron investigados, para que no tuvieran intrusos, y fueron anotados en los libros. Se registraron más de 600 personas de Split en el período de 32 años en que se mantuvieron los registros, es decir, de 1892 a 1924. Es cierto que había muchos datos incorrectos, porque casi la mitad eran de la zona de Split, por lo que el número real es 346 personas de Split.

 

 

    Emigrantes llegando a Nueva York, la foto del libro »Le Capitali del Mondo» de 1896 (archivo de Branka Bezić Filipović)

 

Los libros se escribían a mano en Ellis Island. Mientras que los de los alrededores declararon ser de Split, los habitantes de Split expresaron su lugar de nacimiento y nacionalidad de varias maneras. Dado que en el momento en que comenzaron a llevarse los registros, Dalmacia estaba gobernada por Italia en nombre de Austria. Split se escribía en la mayoría de los casos en italiano como Spalato Austria, luego Spatato, Lpalato, Spoloto, que son diferencias causadas por la lectura incorrecta del manuscrito. Una parte de los pasajeros declaró que eran de Split o Spljet. Muchos de ellos afirmaron que eran de Veli Varoš o Lučac, por lo que, por ejemplo, estaba escrito Veli Varoš S.H.S. o Lučac Austria, que son solo villas de Split. La ciudad de Split se escribe con mayor frecuencia como una ciudad en Austria, a veces en Hungría y más tarde en SHS y Yugoslavia. Según lo que se desprende del Archivo de Ellis Island, la mayoría de la gente de Split se mudó en 1907 entre los 20 y los 30 años de edad, y un tercio eran mujeres.

A fines del siglo 19 y principios del 20, la migración era común en toda Europa y las noticias se transmitían bastante bien dados los medios modestos. A pesar de que la mayoría de la población era analfabeta, los periódicos jugaron un papel significativo en informar a la población. En 1891, el diario ‘’Pučki list’’, que trataba temas serios, comenzó a publicarse en Split. Ya después de dos años, tenía numerosos suscriptores en el mundo, de los cuales 300 en Nueva Zelanda. Los emigrantes escribieron cartas al editor Juraj Kapić, haciéndole preguntas sobre si se aboliría la Cláusula del vino, y él publicó estas cartas en casi todos los números. La comunicación también fue en la dirección opuesta, por lo que Kapić también publicó preguntas de dálmatas y emigrantes. En su mayoría se relacionaron con información relacionada con aquellos que no habían conectado a su familia durante años, donde estaban preocupados si estaban vivos. En el mismo año, Ivan Lupis Vukić, quien vivió un tiempo en América del Norte y del Sur y finalmente en Split y a quien podemos considerar nuestro primer corresponsal de América, publicó un artículo titulado ‘’Instrucciones a nuestros emigrantes’’, en el que escribe:

‘’Desde que nos contagió la cláusula maldita, nuestro regimiento de Dalmacia comenzó a trasladarse en número creciente a un mundo lejano, para ganar allí un trozo de pan, que se come sin piedad en casa. Actúan sin piedad, porque cuando se nos exigen impuestos y sangre en la patria, también se nos debe dar una forma de vida. La mayor injusticia es cuando nos quitan la vida. Pero no es de pobre lamentarse, y como se ve, pleitos fútiles. Quiere pan, quiere vida, y cuando no hay en casa, sale al mundo.

Desde que el gobierno inglés cerró nuestra entrada a Nueva Zelanda, el mundo se ha vuelto principalmente hacia América del Norte. Muchos de ellos, al no tener suficiente dinero para seguir viajando, acuden a Nueva York. Esto parece un gran error, porque como Nueva York es el principal lugar de aterrizaje de los inmigrantes, miles paran allí, lo que hace que la tienda escasee, porque siempre hay más trabajadores que trabajo. El colono pobre es, por lo tanto, donde se encuentra mal. No se lo diré a los que tienen propiedades o buenos amigos en Nueva York, pero el que va allá y no tiene a nadie propio mejor que se vaya.’’

Lupis da entonces dos, en su opinión, importantes consejos:

‘’1. Cuando desembarcas en Nueva York te preguntan de qué nacionalidad eres. Siempre respondes: soy croata. De esta forma, se sabrá cuántos croatas vinieron a América a lo largo del año, y no podrán, sin saber nuestros nombres reales, clasificarnos entre austriacos, húngaros, eslovenos, etc. No olvides, además, que tanto en América como en tu tierra natal, siempre estás orgulloso de tu bonito nombre croata y le dices a todo el mundo que eres croata. Los estadounidenses aman a las personas que honran a otros países y están orgullosas de su nombre.

2. En el ultimo numero del diario ‘’Pučki list’’, dije que nuestros hermanos en América del Norte tienen cerca de 200 Sociedades de socorros mutuos o cooperativas, y todas estas sociedades están unidas en una gran cooperativa o la ‘’Sociedad madre’’, que se llama: Narodna Hrvatska Zajednica. El propósito de estas sociedades es apoyar a sus compañeros en caso de enfermedad y accidente, y después de la muerte de sus esposas, hijos y familias. Por ejemplo, cuando un miembro o hermano se enferma, siempre hay médicos y farmacias, y mientras él está enfermo, sus hermanos siempre vienen a visitarlo, si muere, su familia recibe 800 dólares de la comunidad croata, o 4000 coronas en nuestro dinero. Será sepultado cristianamente y acompañado hasta la tumba por sus hermanos.

¡Así que escúchenme amigos! He estado en el mundo, así que sé cómo es. Si puedes vivir como si estuvieras en tu casa, no pidas un pastel. Si los problemas te apremian y tienes que salir al mundo, háblate claramente y sin miedo en croata e inscríbete en las sociedades croatas y en la Unión Nacional Croata.’’

Publicador de ‘’Pučki list’’ también comentó sobre las experiencias de otras naciones emigrantes y le pidió consejo sobre ir o no a algún lugar. Es interesante que siempre respondía, pero también se distanciaba, por lo que es evidente que, al igual que Lupis, no quería fomentar la emigración.

Los empresarios de esa época rápidamente se dieron cuenta de que el transporte de emigrantes sería una buena fuente de ingresos. Se convirtió en un negocio organizado y compañías navieras eran anunciadas en periódicos. Tambien tenían oficinas de representación y agentes empleados en todos los lugares de la costa, en Zagreb e incluso en el pueblo como Donja Lendava. Por un depósito de 10 forintas, los pasajeros tenían una escolta desde la estación de tren hasta el barco o el alojamiento, que valía su peso en oro para evitar perderse en un puerto extranjero desconocido.

Desde el puerto de Génova partió la mayor parte de los dálmatas hacia el mundo. Muchos italianos también salían de allí para trabajos de temporada en Argentina durante la cosecha y después de seis meses volvían a casa para la cosecha en Italia. De esta manera, aprovecharon los beneficios de las diferentes estaciones de los dos hemisferios. Los croatas también siguieron sus pasos, y quizás algunas otras naciones europeas.

También era posible viajar desde puertos alemanes como Hamburgo y Bremen o desde el puerto francés de L’Havre. Como era una gran cantidad de personas las que llegaban a esos puertos de todas partes, en ocasiones tenían que someterse a cuarentenas o exámenes médicos. Para ello se construyó en Génova asi llamada ‘’Casa de Emigrantes’’ para pasajeros de tercera clase, que se derrumbó en 1930. Era un edificio de cinco pisos en el que se encontraban en ese momento 250 personas. Primero, la mitad del techo del tercer piso se derrumbó, y no mucho después, todo el edificio se derrumbó. En el accidente perdieron la vida 40 personas, muchas resultaron heridas, y la culpa recayó en las compañías navieras que lo mantenían mal.

Las cuarentenas y los exámenes médicos ralentizaron el viaje, que solía prolongarse durante meses debido a la distancia y la lentitud del transporte. En cualquier caso, fue una experiencia traumática, especialmente si había mujeres involucradas. Por ejemplo, si alguien necesitaba viajar desde Selca en la isla de Brač a la costa del Pacífico de América en el tiempo entre las dos guerras, debería haber partido temprano, principalmente a pie, a Sumartin en el barco a Makarska. Desde Makarska, por el barco a Split y de allí en tren a Belgrado para obtener su pasaporte. Desde allí se viajaba en tren, por ejemplo a Hamburgo o algún otro puerto europeo en un barco a Nueva York. La cuarentena y los exámenes médicos siguieron en Nueva York en la isla Ellis Island, y solo entonces el tren viajó a través de Estados Unidos hacia la otra costa. Se necesitaba dinero para todo esto, por lo que muchos pasaron hambre durante la mayor parte del viaje, que duró un mes y medio de principio a fin.

Los viajes a América del Sur tampoco se veían diferentes. Los barcos de Génova atracaban con mayor frecuencia en Buenos Aires, que era como la puerta de entrada a un gran continente. Algunos atracaron en el puerto brasileño de Santos, desde donde viajaron en tren a Sao Paulo. Había un hotel en la estación de tren donde se realizaban los exámenes médicos, pero también se le dio la opción de alojamiento gratuito. Los dormitorios eran grandes salones sin intimidad y al cabo de una semana había que marcharse. En Brasil, la única opción eran las plantaciones de café, donde trabajaban solo por comida de manera esclavista. Esto lo sintieron mejor aquellos que dejaron Prigradica en la isla de Korčula en busca de una vida mejor en su camino a Brasil. El 21 de abril de 1925, unas setenta familias abandonaron Blato un pueblo de Korčula en una ola. Sin saber lo que les esperaba, aceptaron de buena gana la oferta del gobierno brasileño, que pagó los gastos de viaje. Con el tiempo, se supo lo que estaba pasando allí, por lo que el gobierno del Reino de Serbos, Croatas y Eslovenos prohibio salidas a Brasil. Hoy, la casa de huéspedes de la estación de tren de Sao Paulo se ha transformado en el Museo de la Emigración.

 

Replica de dormitorio en el Museo de la emigracion en Sao Paulo (foto de Branka Bezić Filipović)

 

Los anuncios de viajes a destinos lejanos han aparecido en todos los periódicos y diarios desde principios del siglo 20. Todo se veía genial en ellos, y muchos estafadores entraron en el negocio, tomaron dinero y luego desaparecieron. Los emigrantes viajaron en tercera clase, lo que no cumplió con las expectativas de los anuncios. Había mucho desorden, y por lo tanto quejas.

Ivan Lupis Vukić viajó con su padre en barco a Nueva York en 1891, cuando escribió: ‘’Recuerdo el barco aún mejor. Se llamaba Colombia. Luego los emigrantes fueron transportados como ganado. En el vapor, terminamos en un «grupo» de 16 pasajeros en algún lugar del fondo del barco. Cada grupo tenía su propia cancha donde iban a llevar comida a la cocina. Ella misma tenía que lavar los platos y platos. Y cuando había tormenta y la mayoría de los pasajeros eran dañados por el mar, todo el espacio del barco para los emigrantes era un verdadero infierno de vómito y pestilencia. Hoy, los pasajeros de tercera clase viajan como verdaderos caballeros en la parábola de cómo viajaban los expatriados en aquellos días.

Vicko Jurjević de Split describió su viaje y experiencia con los agentes de el diario  ‘’Narodni list’’ de Zadar el 30 de junio de 1908: ‘’Cuando llegamos a Hamburgo, nos encerraron en una taberna y no nos dejaron salir; nos pidió a cada uno de nosotros 3 coronas por la comida. Cuando eran las 11 de la mañana del día siguiente, nos llevaron al malogrado vapor «Pretoria», con el que partimos hacia América. Había 1.200 mujeres a bordo y más de 2.000 hombres. Nos llevaron a la esclusa. El agente nos engañó enojado. Nos dijo que si pagábamos 132 forintas cada uno, llegaríamos en 14 días, y si teníamos la paciencia de quedarnos 18 días, nos dejarían llevar por las zinnias. Todos respondimos con una sola voz que no nos arrepentimos de gastar más, pero que queremos llegar antes. Luego, el agente recibió dinero de nosotros, ¡maldito sea! – y nos mintió que tendríamos buena comida. Si no nos va todo bien -según nos cuenta- el agente nos prometió que nos devolvería el dinero, pero eso solo fue verbal, y no nos dio nada por escrito, así que adelante y pida eso. Ahora les cuento como era nuestra comida. Por la mañana tomamos café, amargo como el ajenjo. Al mediodía nos dieron sopa, todos los gusanos que había en ella y pedazos de carne de caballo, y para la ensalada nos dieron patatos sin limpiar. Pan y vino nada. Estábamos disgustados, así que tiramos esa comida apestosa al mar. Para la cena nos dieron pescado, que se llama renga, salado, Dios no lo quiera, cómo estaba. La sacaron del caratil, y la pusieron inmunda delante de nosotros como si fuéramos conejos. Los gusanos lamen el pescado… suerte que nos dieran algo de pan para la cena. No solo no había vino, sino que tampoco había agua, pero si querías comprar un cuarto de litro de cerveza en la cantina por 40 fenikas.’’

El viaje de Génova a Buenos Aires, según la historia de Miha Moljaš de Dol cerca de Dubrovnik, era así: ‘’Dormíamos en habitaciones con 20-30 camas, una encima de la otra, y estábamos separados del resto de los pasajeros por una valla de madera. Comimos en la misma habitación en una mesa larga sin mantel. Cada pasajero tenía un plato de hojalata y un vaso frente a él. Los primeros días comíamos pan horneado en Génova, y luego nos salían «tortas» duras que no se podían romper con las manos. Por la mañana tomábamos café caliente. Los camareros traían comida a la mesa para todos y nos servíamos nosotros mismos. El almuerzo generalmente consistía en sopa y carne de caballo con una guarnición de papas. No había vino ni té. Sólo había agua para beber. Nos lavamos con agua fría en un solo lugar todos juntos. Durante el viaje, que duró unos veinte días, dormimos con traje y no hubo posibilidad de lavar la ropa, ni pudimos cambiarnos con ropa limpia.’’

Los expatriados utilizaron los periódicos o diarios para expresar su descontento. Así, en 1924, en el diario de Split ‘’Novo doba’’, se publicó toda una correspondencia bajo el título ‘’Sobre demandas de emigrantes por Australia’’, que escribía sobre los malos servicios de la empresa ‘’Banac y Rusko’’. A menudo sucedía que las compañías vendían más boletos que lugares había en el barco, por lo que ponían a la gente en barcos en los que no querían viajar.

La gente emigró de todo el país, pero Dalmacia abrió el camino por un amplio margen. Los costeños estaban abiertos al mar, eran hábiles en la navegación y la pesca, aplicaron y adaptaron sus conocimientos en otros lados del mundo, en mares mucho más exigentes. Algunos incluso encontraron nuevos caminos con facilidad y enseñaron a otros a enfrentarse al mar. Entre ellos había marineros, pescadores, constructores de barcos, oficiales de las armadas de otros países. No debemos ignorar el hecho de que nuestro pueblo, aunque analfabeto, también fue inventor en el campo de la pesca, pensando en cómo facilitar el trabajo para ellos y para los demás. En todas partes la primera generación tuvo que allanar el camino, pero en su mayoría no se arrepintieron de educar a sus hijos, por lo que encontramos huellas croatas no solo en muchos lugares del mundo, sino también en diversas esferas de la sociedad desde la cultura, la educación, la medicina, la ciencia, el mundo empresarial, la política…

Autora: Branka Bezić Filipović

Traduccion de croata sin revisar y correcion: Branka Bezić Filipović

 

[1] Bezić Filipović, Branka: Ivan Lupis Vukić, prvi iseljenički novinar, recenzija dr. sc. Ljube Antića, Split, 2011., str.7.
[2] Naziv za državna tijela nadležna za iseljeništvo poput Iseljeničkog komesarijata i SORIS-a (Savez organizacija iseljenika), koji su djelovali između Prvoga i Drugoga svjetskog rata.
[3] Slobodna Dalmacija, Split 3. VI. 1959. g.
[4] Bezić Filipović, Branka, Hvarski ribari i brodograditelji u novome svijetu, Muzej Staroga Grada, 2019., str.7.
[5] Portal hrvatske tehničke baštine: Leksikografski zavod Miroslav Krleža 2018.
[6] Bezić Filipović, Branka: Splićani vanka Splita, Split, 2005.
[7] Bezić Filipović, Branka: Hvarski ribari i brodograditelji u novome svijetu, Stari Grad, 2019., str. 7.
[8] Bezić Filipović, Branka: Hvarski ribari i brodograditelji u novome svijetu, Stari Grad, 2019., str. 7.
[9] Tršćanski Lloyd, Trst, 4. 11. 1905., br.141., str. 2200.
[10] Split je tada bio podijeljen u tri predgrađa: Grad, Lučac i Veli Varoš.
[11]Podatke sam dobila proučavanjem Arhiva Ellis Island 2005. godine
[12]Pučki list, Split 1902. , br.24, str. 195.
[13]Pučki list, Split 1900., broj 20, str. 164.
[14]Novo doba, Split, 4.6. 1930., br. 128., str. 1.
[15]Bezić Filipović, Branka, Ivan Lupis Vukić, prvi iseljenički novinar, Split, 2011., str. 12
[16] Bezić Filipović Branka: Splićani vanka Splita, Split, 2005., str. 15.
[17]Novo doba, Split, 03. 06. 1924., broj 129., str. 3.