{"id":5248,"date":"2022-09-29T12:46:05","date_gmt":"2022-09-29T10:46:05","guid":{"rendered":"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/?p=5248"},"modified":"2022-09-29T12:46:05","modified_gmt":"2022-09-29T10:46:05","slug":"escritor-lorenzo-caglevic-bakovic-de-antofagasta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/es\/escritor-lorenzo-caglevic-bakovic-de-antofagasta\/","title":{"rendered":"Escritor Lorenzo Caglevi\u010d Bakovi\u010d de Antofagasta"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n\n\t\t<style type=\"text\/css\">\n\t\t\t#gallery-1 {\n\t\t\t\tmargin: auto;\n\t\t\t}\n\t\t\t#gallery-1 .gallery-item {\n\t\t\t\tfloat: left;\n\t\t\t\tmargin-top: 10px;\n\t\t\t\ttext-align: center;\n\t\t\t\twidth: 33%;\n\t\t\t}\n\t\t\t#gallery-1 img {\n\t\t\t\tborder: 2px solid #cfcfcf;\n\t\t\t}\n\t\t\t#gallery-1 .gallery-caption {\n\t\t\t\tmargin-left: 0;\n\t\t\t}\n\t\t\t\/* see gallery_shortcode() in wp-includes\/media.php *\/\n\t\t<\/style>\n\t\t<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-5248 gallery-columns-3 gallery-size-thumbnail'><dl class='gallery-item'>\n\t\t\t<dt class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a data-rel=\"iLightbox[postimages]\" data-title=\"foto-solapa\" data-caption=\"\" href='https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/es\/escritor-lorenzo-caglevic-bakovic-de-antofagasta\/foto-solapa\/'><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" src=\"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/foto-solapa-150x150.jpg\" class=\"attachment-thumbnail size-thumbnail\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/foto-solapa-66x66.jpg 66w, https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/foto-solapa-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/dt><\/dl><dl class='gallery-item'>\n\t\t\t<dt class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a data-rel=\"iLightbox[postimages]\" data-title=\"download (4)\" data-caption=\"\" href='https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/es\/escritor-lorenzo-caglevic-bakovic-de-antofagasta\/download-4\/'><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" src=\"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/download-4-150x150.jpg\" class=\"attachment-thumbnail size-thumbnail\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/download-4-66x66.jpg 66w, https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/download-4-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/dt><\/dl><dl class='gallery-item'>\n\t\t\t<dt class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a data-rel=\"iLightbox[postimages]\" data-title=\"download (2) (1)\" data-caption=\"\" href='https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/es\/escritor-lorenzo-caglevic-bakovic-de-antofagasta\/download-2-1\/'><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" src=\"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/download-2-1-1-150x150.jpg\" class=\"attachment-thumbnail size-thumbnail\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/download-2-1-1-66x66.jpg 66w, https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/download-2-1-1-150x150.jpg 150w, https:\/\/virtualnimuzej.aspira.hr\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/download-2-1-1-400x400.jpg 400w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/dt><\/dl><br style=\"clear: both\" \/>\n\t\t<\/div>\n\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>CAGLEVI\u010c BAKOVI\u010c, Gregorio Lorenzo (Antofagasta, 1946) es marino, economista y escritor. Escribi\u00f3 el libro <em>Nuestra compa\u00f1\u00eda, la historia de la sal<\/em> <em>en Chile<\/em>, que fue publicado en Santiago por Salinas de Punta de Lobos en 1988. El libro tuvo dos ediciones m\u00e1s en 1994 y 2003 (RIL editores).<\/p>\n<p>Caglevic tambi\u00e9n escribi\u00f3 obras: <em>Historia del Rotary Club de Providencia<\/em> (Santiago: Editorial e Impr, G\u00e9nova 2007), <em>El Anecdotario Croata de Chile<\/em> (Santiago: RIL editores, 2005 y 2011) e <em>Historias en tres continentes<\/em> (Santiago: RIL editores, 2011) .<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>EL HOMBRE DEL ANCLA<\/strong><\/p>\n<p>Quilpu\u00e9, Chile, septiembre de 2004<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi pap\u00e1 agonizaba en su habitaci\u00f3n del hospital. Al lado de su cama, dos mujeres menudas, mi esposa y mi nuera, le entregaban su tierno cari\u00f1o, de hija y nieta, m\u00e1s que pol\u00edticas, como si fueran leg\u00edtimas. Hac\u00edan lo posible para mantenerlo confortable y sereno. Mi hijo, Pancho, trataba de comunicarse con su abuelo, como pod\u00eda, para infundirle \u00e1nimo en esa pelea que estaba perdiendo, a todas luces.<\/p>\n<p>Mientras un sol primaveral nos prodigaba un d\u00eda luminoso, que penetraba por los ventanales de la pieza, la Patty, su \u00faltima enfermera de cabecera, nerviosa y \u00e1gil, procuraba distraernos con sus comentarios optimistas, mostr\u00e1ndonos las fotos de sus hijos o bien con sus comentarios meteorol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Anita, su cuidadora por tantos a\u00f1os, se reportaba telef\u00f3nicamente para que estuvi\u00e9ramos tranquilos; todo en la casa de mi pap\u00e1 estaba sin novedad y nos preguntaba, con preocupaci\u00f3n, c\u00f3mo iban las cosas.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Pilar, la antigua y querida enfermera de la familia, coincid\u00eda con la opini\u00f3n del doctor Segura. El galeno, profesional y humano, se manifestaba desconcertado de la fortaleza de mi padre en resistir el \u00faltimo asedio de la muerte.<\/p>\n<p>Yo, a los pies de la cama, observaba sus ojos debilitados, ya sin fuerzas para mirar, al menos las cosas de este mundo. M\u00faltiples y filiales recuerdos desfilaban por mi cabeza en ese momento. Lamentaba que su sordera, muy acentuada durante los \u00faltimos meses de su vida, impidiera, casi absolutamente, la comunicaci\u00f3n que sobre variados e interesantes temas me permiti\u00f3 disfrutar durante su longeva existencia. M\u00e1s que nada, sent\u00eda no haber alcanzado a entregarle mi \u00faltimo libro terminado y, as\u00ed, haber podido discutir con \u00e9l acerca de qui\u00e9n debiera tener el honor de poseer el t\u00edtulo del Hombre del Ancla. \u00c9l, que hab\u00eda sido un sabio consejero durante su vida y mi entusiasta colaborador en esta obra, sobre an\u00e9cdotas e historias de los emigrantes croatas, me dejaba todo el peso de esa decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pues bien, ya no hab\u00eda remedio. Lo que no se hizo, no se hizo, dir\u00eda la sana l\u00f3gica de alg\u00fan aspirante a fil\u00f3sofo de pacotilla.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que mi pap\u00e1, con el enorme respeto que dispensaba a todos y, con mayor raz\u00f3n, a los mayores, podr\u00eda haber decidido que el Hombre del Ancla fuera Lukas.<\/p>\n<p>Haber sido el primero en estas tierras australes, a fines del siglo XIX, gan\u00e1ndole la delantera a Gregorio, quien lo hizo casi veinte a\u00f1os despu\u00e9s, pod\u00eda haberle concedido ventaja a ese bisabuelo.<\/p>\n<p>Ambos personajes ten\u00edan en com\u00fan haber buscado consolidar una cierta posici\u00f3n econ\u00f3mica, que permitiera a sus descendientes gozar una vida menos dura que la que ellos experimentaron. Tambi\u00e9n, los dos, se sacrificaron, hasta el \u00faltimo d\u00eda de sus existencias, por el bienestar de sus familias que quedaban en el viejo terru\u00f1o natal, <em>\u201ctamo daleko\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Coincidentemente, el mar, en su gran inmensidad acogi\u00f3 los \u00faltimos suspiros de estos hombres. \u00bfSer\u00e1 porque el oc\u00e9ano, compasivo en ese momento final, quiso prestarles su puente, sin interrupciones, entre la patria vieja y la nueva? So\u00f1emos que lo permiti\u00f3 as\u00ed. Que sus \u00faltimos recuerdos llegaran impregnados en una ola, besando las playas de su amado <em>Jadranski More,<\/em> para despedirlos, de una sola vez, de sus compatriotas y de todos sus seres queridos.<\/p>\n<p>No tuve la suerte de conocer a mi abuelo. Mucho menos a mi bisabuelo. Tampoco ten\u00eda, en forma personal, elementos objetivos de juicio acerca de ellos. Los conoc\u00eda a trav\u00e9s de mi padre pero \u00e9l tambi\u00e9n estaba por partir. Sus relatos, siempre tan cari\u00f1osos, ponderados y justos, trataban de otorgarle a cada quien su m\u00e9rito. Todo esto me imped\u00eda adivinar cu\u00e1l habr\u00eda sido su opini\u00f3n, acerca de qui\u00e9n podr\u00eda haber sido considerado el verdadero pionero, el fundador de nuestra familia en esta <em>finis terrae.<\/em><\/p>\n<p>Menudo problema de elecci\u00f3n. S\u00f3lo me fue posible resolverlo pensando en el sonido inconfundible que las anclas hacen cuando sus hierros, penetrando el mar, se engarfian en la madre tierra o cuando su cadena las leva para llevarlas nuevamente a bordo, e iniciar otro viaje.<\/p>\n<p>Estoy seguro de que mi elegido, como El Hombre del Ancla, nunca quiso levarla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Primera Guerra Mundial,<\/strong><\/p>\n<p>Frente de batalla, noviembre de 1914<\/p>\n<p>\u2013Por ning\u00fan motivo se les vaya a ocurrir encender un f\u00f3sforo. El m\u00e1s m\u00ednimo destello de luz, nos delatar\u00eda de inmediato y el enemigo nos barre a ca\u00f1onazos \u2013advirti\u00f3 el oficial a cargo del convoy\u2013. \u00a1A partir de este momento, queda estrictamente prohibido fumar! \u00a1Convoy, en marcha!<\/p>\n<p>Los treinta camiones se pusieron en movimiento casi al mismo tiempo. Formaban una hilera que se desplazaba cuesta abajo en la oscuridad, bajo una tenue luz de luna menguante. Los ojos de lince de veintisiete infantes que marchaban a pie, delante del convoy, eran los lazarillos encargados de advertir de cualquier peligro y guiar a los choferes en la ruta.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Nos cagaron, compadre Gregorio! Si no podemos fumar \u00bfc\u00f3mo enga\u00f1aremos las tripas? \u2013preguntaba un soldado a su compa\u00f1ero chofer de uno de los camiones que transportaban v\u00edveres y municiones al frente.<\/p>\n<p>\u2013F\u00e1cil, cumpa. \u00a1Rece! As\u00ed, si salimos de esta, podremos comer y fumar nuevamente y, si no, servir\u00e1 para que nos reciban mejor all\u00e1 arriba&#8230; supongo.<\/p>\n<p>Los dos hombres, con sus caras casi pegadas al parabrisas, para evitar colisionar al veh\u00edculo delantero, comenzaron a mascullar el rosario. Sus ojos, a pesar del cansancio, estaban abiertos como claraboyas y todos los sentidos en alerta.<\/p>\n<p>Desde la cuesta pod\u00eda divisarse el resplandor espor\u00e1dico de los ca\u00f1oneos intermitentes en el frente, los que, afortunadamente, contribu\u00edan, al menos, a disimular el ruido de los motores. Desde la llanura, donde se encontraban las trincheras propias y del enemigo, hab\u00eda centinelas de ambos bandos apostados para vigilar la ruta de acceso. Unos, con su artiller\u00eda apuntando al camino, los otros, con las suyas, apuntando a los nidos de ca\u00f1ones del ej\u00e9rcito enemigo.<\/p>\n<p>\u2013Creo que en un rosario m\u00e1s estaremos abajo \u2013se\u00f1al\u00f3 Gregorio a su compa\u00f1ero cuando faltaban solo un par de curvas para llegar al llano, donde la visibilidad de los artilleros enemigos disminu\u00eda ostensiblemente y, por lo tanto, la misi\u00f3n del batall\u00f3n de transporte pod\u00eda considerarse casi posible de ser concluida con \u00e9xito.<\/p>\n<p>Alrededor de las tres de la madrugada, los camiones finalmente pudieron bajar la cuesta, sin ser descubiertos. A poca distancia de las trincheras detuvieron su marcha. Los soldados descendieron de los veh\u00edculos formando una gran cadena humana, para comenzar la descarga de pertrechos. A pesar del fr\u00edo, los hombres, con la adrenalina al tope, no sent\u00edan ni la temperatura ni el hambre. Hab\u00edan llegado hasta ah\u00ed vivos. Eso era lo \u00fanico que importaba por el momento. Descargar y sacar los camiones lo m\u00e1s pronto posible del \u00e1rea de peligro era la tarea m\u00e1s urgente.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Gracias, amigo! Ya nos hac\u00edan mucha falta los pertrechos\u00a0\u00a0 \u2013manifest\u00f3 el oficial jefe de la trinchera a su par de la columna de transporte, una vez que termin\u00f3 la faena de reabastecimiento\u2013. Que tus camiones esperen solo diez minutos m\u00e1s. En ese momento dar\u00e9 la orden de fuego con tutti, para entretener a estos carajos. Mantendr\u00e9 el fuego durante media hora, suficiente para que tu convoy se ponga a buen recaudo y tus hombres y los camiones puedan servir a la patria, al menos para una pr\u00f3xima oportunidad \u2013agreg\u00f3, tratando de restar dramatismo a la peligrosa situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los oficiales se dieron un apurado abrazo y los soldados del batall\u00f3n de transporte estuvieron, en un santiam\u00e9n, arriba de los camiones. Tan pronto se escuch\u00f3 el primer ca\u00f1onazo, el convoy tom\u00f3 raudo la ruta convenida de evacuaci\u00f3n. Eran casi las cinco de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>La luz lleg\u00f3 un par de horas despu\u00e9s y, con ella, la esperanza de seguir viviendo otro d\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Poner atenci\u00f3n el regimiento! En la pizarra de la sala de clases del tercer a\u00f1o de esta escuela, est\u00e1n escritos los nombres de los soldados de la conscripci\u00f3n que pueden hacer uso de licencia por un mes, para que puedan visitar a sus familias. Felicito a los afortunados y les deseo unas felices navidades. \u00a1Pueden romper filas!<\/p>\n<p>Los soldados corrieron en tropel hacia la sala de la escuela, base temporal del batall\u00f3n de transporte.<\/p>\n<p>Gregorio casi no respiraba de nervios, tratando de ver si su nombre aparec\u00eda en el listado. Finalmente pudo leer, Caglevic Simunic, Grgo. Dio un salto de alegr\u00eda e inmediatamente comenz\u00f3 a buscar entre los afortunados si hab\u00edan otros Bracciani, para iniciar juntos el anhelado viaje a su hogar donde lo esperaba su joven esposa, Paulina, junto a Katja, la mayorcita de seis a\u00f1os, Lovre, su primog\u00e9nito de solo cuatro y Ante, de dos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El barquito se acercaba al puerto de Supetar, procedente del cercano Split. Una cantidad de personas, en su mayor\u00eda mujeres y ancianos, se acercaban a esperarlo. Era el \u00fanico medio por donde llegaban las noticias, buenas y malas. Las malas llegaban por la correspondencia del gobierno con el p\u00e9same por escrito para la viuda o la familia del soldado. Las buenas llegaban en vivo y en directo, junto con el soldado licenciado para visitar sus hogares.<\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana, Paulina, junto a sus peque\u00f1os, acudi\u00f3 al muelle como lo hac\u00eda siempre, con el alma en un hilo. Su joven esposo sab\u00eda de la angustia que causaba la llegada, en esos tiempos de guerra, del peque\u00f1o nav\u00edo. De modo que, tan pronto estuvo a distancia para hacerse o\u00edr, comenz\u00f3 a gritar y agitar su gorro de uniforme.<\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1Paulina! \u00a1Paulina!, \u00a1Ljuba, Moja! \u2013<\/em>saltaba sobre la cubierta, loco de alegr\u00eda, hasta que su mujer lo descubri\u00f3.<\/p>\n<p>Su esposa no dejaba de hacerle se\u00f1as. Lo mismo hac\u00eda la peque\u00f1a Katja y Lovre. Al peque\u00f1o Ante, su madre lo sosten\u00eda en brazos, haci\u00e9ndole mover su manito para que tambi\u00e9n saludara a su pap\u00e1.<\/p>\n<p>Tan pronto se puso la escalera para desembarcar, Gregorio salt\u00f3 a tierra y dejando en el suelo su bolsa de lona corri\u00f3 a abrazar a Paulina y fundirse en un beso que hablaba por lo que, a su garganta le negaba la emoci\u00f3n. Todav\u00eda con sus ojos humedecidos, abraz\u00f3 a sus peque\u00f1os hijos y la familia Caglevic\u2013Brkljaca se dirigi\u00f3 en pleno a casa, a solo un par de cuadras del muelle y casi al lado de la vieja iglesia del pueblo.<\/p>\n<p>Atr\u00e1s, en el desembarcadero, continuaban las escenas de alegr\u00eda de otros tantos Bracciani, compa\u00f1eros del ej\u00e9rcito, naturales de Supetar u otros pueblos de la isla, que tambi\u00e9n disfrutaban de sus licencias navide\u00f1as. Otras personas volv\u00edan a casa, sin nada, pero al menos con la esperanza de que sus familiares soldados podr\u00edan llegar pronto. Sin embargo, las mujeres llorando con una carta en sus manos era algo que amargaba el alma de tristeza.<\/p>\n<p>En esa ocasi\u00f3n, la peque\u00f1a raci\u00f3n de polenta, \u00fanico alimento posible en esos d\u00edas del primer conflicto mundial, estuvo m\u00e1s rica y el poco vino hecho en casa fue una delicia a los paladares del matrimonio que volv\u00eda a reencontrarse, para amarse y hacer planes de futuro.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfCu\u00e1ndo se terminar\u00e1 todo esto? \u2013preguntaba angustiada la joven mujer a su marido, mientras jugaban con sus hijos en uno de los peque\u00f1os campitos que la familia ten\u00eda junto al mar, cultivados con frondosos olivos.<\/p>\n<p>\u2013S\u00f3lo Dios lo sabe, Paulinita. Pero, si todo sale bien, apenas termine la guerra nos iremos a Am\u00e9rica para, junto a nuestros hijos, poder construir en paz un mejor futuro para todos.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfEst\u00e1s hablando en serio?<\/p>\n<p>\u2013Nunca lo hab\u00eda pensado mejor. He tenido mucho tiempo en las noches de vigilia en el frente, lejos de la casa, cuando no se sabe qu\u00e9 pasar\u00e1 contigo el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Paulina abraz\u00f3 a Gregorio, llena de felicidad, por la determinaci\u00f3n del jefe del hogar.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfMe lo prometes, mi vida?<\/p>\n<p>\u2013Te lo prometo. Ahora, no se c\u00f3mo lo har\u00e9, pero que nos iremos, lo tengo decidido y s\u00e9 que Dios me ayudar\u00e1 a conseguirlo.<\/p>\n<p>Pronto lleg\u00f3 el d\u00eda de Navidad. Lo celebraron en la iglesia, junto a las familias de los otros soldados con licencia, agradeciendo el privilegio de continuar vivos. Quiz\u00e1s un dulce, si es que lo hubo, fue la \u00fanica diferencia en la aborrecida merienda de guerra de todos los d\u00edas. Gregorio aprovech\u00f3 de hacer con algunas maderitas de los \u00e1rboles r\u00fasticos juguetes para dejarles a sus hijos el d\u00eda de Reyes, fecha en la que ya deb\u00eda retornar a su batall\u00f3n.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el momento de volver al frente. Los esposos se despidieron tristes, pero con la esperanza que la guerra terminara pronto. No sucedi\u00f3 as\u00ed, sino que la conflagraci\u00f3n se prolong\u00f3 por cuatro a\u00f1os m\u00e1s. En el intertanto, entre una y otra licencia militar, naci\u00f3 Ivo, el hijo menor, con su padre ausente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Isla de Brac, Yugoeslavia, a\u00f1o de 1918<\/strong><\/p>\n<p>Afortunadamente no hay mal eterno. Despu\u00e9s de m\u00e1s de cuatro a\u00f1os y de nueve millones de muertos, termin\u00f3 la primera guerra mundial. La Gran Guerra, la llamaron algunos, quiz\u00e1s para destacar su grandiosidad en muertes y destrucci\u00f3n dejadas por el conflicto.<\/p>\n<p>Por fin lleg\u00f3 la anhelada paz en el a\u00f1o 1918, y Gregorio pudo, definitivamente, regresar a su Supetar natal y a su amada familia.<\/p>\n<p>Todos los que pudieron regresar a casa lo hicieron. Esos hombres, sedientos de paz, trataron de impulsar sus antiguos trabajos con mayores br\u00edos, como queriendo recuperar el tiempo perdido. Sin embargo, Gregorio no vari\u00f3 un \u00e1pice la promesa hecha a su esposa y a su familia y, con todos los recursos que pudo reunir, logr\u00f3 embarcarse, aunque solo y un a\u00f1o m\u00e1s tarde, hacia la so\u00f1ada Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Hab\u00eda convenido con su mujer que la familia ir\u00eda abandonando la vieja patria, uno a uno, para reunirse todos de nuevo y para siempre. Primero lo har\u00eda su primog\u00e9nito, Lovre y despu\u00e9s, en orden de edad, sus otros hermanos hombres. Katija, la \u00fanica hija, se ir\u00eda en el \u00faltimo viaje junto a su madre.<\/p>\n<p>La gran inc\u00f3gnita era el cu\u00e1ndo suceder\u00edan estos viajes, que el jefe del hogar ten\u00eda en su mente. Paulina se lo pregunt\u00f3, y \u00e9l le dijo con profundo convencimiento:<\/p>\n<p>\u2013S\u00f3lo Dios lo sabe, mi amor, pero por lo que de m\u00ed depende, ser\u00e1 cuanto antes. S\u00f3lo te puedo prometer que luchar\u00e9 con todas mis fuerzas \u2013bes\u00f3 en la frente a todos sus hijos, luego abraz\u00f3 a su esposa entre l\u00e1grimas\u2013. \u00a1Qui\u00e9reme por siempre! \u2013alcanz\u00f3 a decirle, porque el grito de los marineros que ya retiraban el portal\u00f3n urgi\u00f3 su abordaje.<\/p>\n<p>Paulina y sus hijos quedaron en tierra, llorando y despidiendo con sus pa\u00f1uelitos blancos al jefe de la familia. Sin embargo, era una despedida much\u00edsimo menos triste que cuando \u00e9l regresaba al frente de guerra. Ahora era una despedida, si bien incierta por el reencuentro, llena de esperanza. Ser\u00eda el nuevo porvenir de toda la familia. Esa fue la idea con que Paulina consol\u00f3 siempre a los hijos y se consol\u00f3 a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Antofagasta, Chile, febrero de 1919<\/strong><\/p>\n<p>Gregorio s\u00f3lo sab\u00eda de o\u00eddas acerca de Chile y, por otro lado, exist\u00eda en la familia la triste experiencia del padre de Paulina, quien hab\u00eda intentado la aventura del oro en las cercan\u00edas de Punta Arenas con tr\u00e1gico final. Sin embargo, nada de eso lo amilan\u00f3. Sab\u00eda que venirse a Chile o a cualquier pa\u00eds de Am\u00e9rica no era tarea para pusil\u00e1nimes.<\/p>\n<p>As\u00ed entonces, despu\u00e9s de casi dos meses de navegaci\u00f3n, con todas las vicisitudes que significaba un viaje por mar en esa \u00e9poca, lleg\u00f3 por fin a Antofagasta.<\/p>\n<p>Eligi\u00f3 ese destino porque algo ya se hablaba de que esa regi\u00f3n minera tendr\u00eda un gran desarrollo y trabajo. Por otro lado, el clima, lo \u00fanico gratis que tendr\u00eda, le sentaba mejor que el fr\u00edo del otro extremo de la emigraci\u00f3n yugoeslava en el pa\u00eds, Punta Arenas, tan distinto al agradable clima del Adri\u00e1tico.<\/p>\n<p>Sus comienzos no fueron distintos a otros tantos emigrantes. Trabajar, trabajar y trabajar era la consigna. De ese modo, tratando de ganarle las horas al d\u00eda y muchas veces a la noche, pudo juntar el dinero suficiente para que el primog\u00e9nito, Lovre, fuera el primero de sus hijos en viajar a Chile.<\/p>\n<p>Lovre lleg\u00f3 a Chile cuando a\u00fan no cumpl\u00eda los diez a\u00f1os, a mediados de 1920. De ese momento, pas\u00f3 a llamarse Lorenzo. Sus dos apellidos, dif\u00edciles de escribir y pronunciar para los chilenos ya eran suficiente. Al menos, ten\u00eda que tener un nombre m\u00e1s f\u00e1cil que, por lo dem\u00e1s, era la traducci\u00f3n fidedigna del mismo santo. La nave, trayendo al peque\u00f1o pasajero, arrib\u00f3 al puerto despu\u00e9s de almuerzo y Gregorio lo recibi\u00f3 emocionado y feliz.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Cu\u00e9ntame todo! \u00bfC\u00f3mo est\u00e1 la mam\u00e1? \u00bfTus hermanos? \u2013urg\u00eda su padre al peque\u00f1o mientras lo abrazaba.<\/p>\n<p>Lorenzo que, por supuesto, respond\u00eda las inquietudes de su padre en las palabras propias de un ni\u00f1o de diez a\u00f1os, miraba al mismo tiempo a todos lados explorando con curiosidad su nuevo entorno. Quiz\u00e1s no entend\u00eda el nerviosismo y apresuramiento de su padre para saberlo todo tan r\u00e1pido. S\u00f3lo lo entendi\u00f3 al d\u00eda siguiente cuando, primero que el resto de los alumnos, lleg\u00f3 de su mano al colegio. No hab\u00eda tiempo que perder. Su padre quer\u00eda tener pronto un hijo preparado para que lo ayudara en sus planes.<\/p>\n<p>\u2013Adi\u00f3s hijo, solo quiero que la vida te resulte mucho m\u00e1s f\u00e1cil que lo que ha sido para m\u00ed y la educaci\u00f3n es el \u00fanico camino \u2013y d\u00e1ndole un beso en la frente lo dej\u00f3 en manos de la profesora.<\/p>\n<p>\u2013No se preocupe, don Gregorio, que yo me hago cargo de este gringuito\u2013respondi\u00f3 ella, amorosa, tomando al peque\u00f1o de sus hombros y encamin\u00e1ndolo a su pupitre en la sala de clases.<\/p>\n<p><em>\u2013Dovidenja, Lovre<\/em> \u2013le repiti\u00f3 su padre, antes de retirarse\u2013. Te vendr\u00e9 a buscar a la hora de almuerzo para mostrarte el camino de regreso a casa, as\u00ed ma\u00f1ana te podr\u00e1s venir solo. Yo voy a tener mucho trabajo y t\u00fa, mucho estudio \u2013y se alej\u00f3 satisfecho.<\/p>\n<p>La profesora del curso present\u00f3 al nuevo alumno, quien no sab\u00eda decir siquiera buenos d\u00edas en castellano. El ni\u00f1o era virtualmente un sordo, con la diferencia que escuchaba, pero que igual no entend\u00eda un \u00e1pice. Quiz\u00e1s esa terrible condici\u00f3n fue el mejor acicate que tuvo para apurar la marcha. Fue una inmersi\u00f3n forzada, pero que muy pronto dio sus frutos. Lorenzo aprendi\u00f3 el idioma con extraordinaria facilidad y se convirti\u00f3, a partir del a\u00f1o siguiente, en el mejor alumno, el mejor deportista y lo que a \u00e9l le gustaba m\u00e1s, en el mejor compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>Gregorio ve\u00eda orgulloso c\u00f3mo su hijo se estaba educando y, a su vez, de qu\u00e9 manera trataba de ayudarlo en lo que pod\u00eda en su negocio de abarrotes, que ya comenzaba a prosperar. Sin embargo, ten\u00eda claro que su hijo deb\u00eda completar sus estudios y esa era la prioridad, sin discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Siguiendo con sus planes, tal vez sin la celeridad que \u00e9l quer\u00eda imprimirle, siete a\u00f1os despu\u00e9s lleg\u00f3 Ante. Desde ese momento, Antonio, por las mismas razones ya relatadas en el caso de su hermano mayor. Ten\u00eda quince a\u00f1os y una estatura mucho mayor que los ni\u00f1os de su edad. Su padre lo someti\u00f3 al mismo plan de inmersi\u00f3n que a su primog\u00e9nito, con buenos resultados; sin embargo, el acento de su idioma vern\u00e1culo nunca lo pudo borrar del todo. La diferencia de haber llegado a los quince a\u00f1os, ling\u00fc\u00edsticamente hablando, tuvo su efecto adverso.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s lleg\u00f3 Ivo, que pas\u00f3 a llamarse Iv\u00e1n en la nueva patria. Su padre tambi\u00e9n le dio la misma dosis que a sus hermanos. Todos deb\u00edan preparase lo mejor que pudieran.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n en el hogar de Brac era ya de un gran optimismo. La mayor\u00eda de la familia ya se encontraba en Chile. Solo quedaban all\u00e1 las mujeres de la familia, Katija y Paulina. Las dos recib\u00edan bastante seguido largas cartas de su familia en Chile. Sab\u00edan que ellas ser\u00edan las siguientes pasajeras hacia Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>\u2013Nos turnaremos cada mes para mandarle una carta a la mam\u00e1. As\u00ed podremos contarle alguna novedad, y sabr\u00e1 que todos nosotros estamos bien \u2013eran las instrucciones de Gregorio a sus hijos, para que la llama del recuerdo no menguara jam\u00e1s.<\/p>\n<p>En el otro lado del mundo, madre e hija hac\u00edan recuerdos a diario de la familia lejana, pero que ya la comenzaban a percibir m\u00e1s cerca.<\/p>\n<p>\u2013Mam\u00e1, me imagino qu\u00e9 grandes deben estar mis hermanos.<\/p>\n<p>\u2013Yo creo lo mismo, Katija, y rezo todos los d\u00edas por volvernos a juntar con tu padre y todos ellos.<\/p>\n<p>En Antofagasta las cosas comenzaron a mejorar en los negocios y, producto del influjo que proyectaba la naciente actividad cuprera en Chuquicamata, Gregorio decidi\u00f3, junto a dos de sus hermanos, los que tambi\u00e9n hab\u00edan seguido sus pasos vini\u00e9ndose a Antofagasta, formar una sociedad para poder abastecer de v\u00edveres a los trabajadores del mineral. As\u00ed lo hicieron y, juntando sus fuerzas, comenzaron en sociedad sus actividades en Chuqui, como se le denominaba en diminutivo a ese campamento minero.<\/p>\n<p>Sin embargo, la econom\u00eda mundial se vio fuertemente remecida por la hist\u00f3rica crisis de los a\u00f1os 30 y el resto de la familia de Gregorio en Europa, que segu\u00eda esperando ansiosa el momento del zarpe, hubo de esperar por algunos a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero como la vida no se deten\u00eda, y el amor no puede esperar para siempre, se comenzaron a producir los primeros matrimonios de los hijos, all\u00e1 y ac\u00e1.<\/p>\n<p><em>\u2013\u201cMi querido Gregorio \u2013<\/em>comenzaba la carta de su esposa\u2013: <em>tengo que contarte que tu regalona, Katija, me ha pedido tu bendici\u00f3n para comprometerse en matrimonio con un muchacho de Preko, llamado Mateo Loncar. Es un hombre muy bueno. Conoc\u00ed a su encantadora familia, la que me invit\u00f3 a pasar unos d\u00edas a esa linda islita ubicada justo al frente de Zadar. Mateo es marino y tiene un peque\u00f1o buquecito de cabotaje entre las islas, un negocio bastante pr\u00f3spero por lo visto. Pero lo importante es que es un buen muchacho y que quiere mucho a la Katija. Cuentan con mi bendici\u00f3n y conf\u00edo que tambi\u00e9n contar\u00e1n con la tuya.<\/em><\/p>\n<p><em>Espero tu pronta respuesta ya que Katija no me deja vivir apresurando su compromiso y tengo una invitaci\u00f3n pendiente a la familia Loncar, para que ellos vengan ahora a conocer nuestro hermoso Supetar. Katija cuenta con tu bendici\u00f3n. Espero, mi amor, que no defraudes a tu regalona\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Gregorio no tard\u00f3 en contestar la carta, otorgando su paternal autorizaci\u00f3n y entreg\u00e1ndole noticias desde el otro continente.<\/p>\n<p>\u2013<em>\u201cMi querida Paulina <\/em>\u2013fue la contestaci\u00f3n a su esposa\u2013: <em>No he podido dormir estos d\u00edas con el notici\u00f3n que me has dado sobre el compromiso de nuestra querida Katija. Me siento feliz por ella, pero al mismo tiempo, muy desafortunado por no haber podido tener los recursos a tiempo para que ustedes dos hubieran estado, hace mucho rato, junto a m\u00ed. Ojal\u00e1 este joven, Mateo Loncar, quisiera unirse a ustedes llegado el momento de la partida hacia Chile. Mi anhelo es que mis nietos crezcan en esta tierra pac\u00edfica y pr\u00f3spera.<\/em><\/p>\n<p><em>Por otro lado, aprovecho la ocasi\u00f3n para contarte que, Lorenzo, conoci\u00f3 a una joven de Antofagasta, llamada Ambros\u00eda Bakovic y, cuando supo lo de Katija, me pidi\u00f3 que te escribiera por lo mismo. <\/em><\/p>\n<p><em>Por lo visto, es un intercambio de bendiciones\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s, en septiembre del a\u00f1o 1932, se cas\u00f3 Katija y su padre s\u00f3lo pudo conocer al yerno por las fotos del matrimonio. Por su parte, el primog\u00e9nito, Lorenzo, contrajo matrimonio el a\u00f1o 1935 con Ambros\u00eda, chilena, pero hija tambi\u00e9n de yugoeslavos avecindados en Antofagasta. En este caso, fue Paulina la que hubo de conformarse con las fotograf\u00edas que su esposo le env\u00edo del matrimonio de su hijo en la catedral de esa ciudad y de la respectiva fiesta en la entonces llamada Sociedad Yugoeslava.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Supetar, Yugoeslavia, a\u00f1o de 1938<\/strong><\/p>\n<p>Como no hay plazo que no se cumpla, a mediados de 1938 lleg\u00f3 la feliz noticia para Paulina y su hija.<\/p>\n<p><em>\u2013\u201cPaulina, mi \u00fanico amor. Ha llegado el momento de preparar tu ansiado viaje. Te enviar\u00e9 el pasaje y el dinero para que puedas venir a reunirte conmigo y con tus hijos \u2013<\/em>dec\u00eda la cari\u00f1osa misiva<em>\u2013. Dios me ha acompa\u00f1ado para ir dando los pasos necesarios y, as\u00ed traer\u00e9, a esta tierra generosa de Chile, todos mis seres m\u00e1s queridos. Espero que Katija y su esposo puedan unirse a ti en este viaje.<\/em><\/p>\n<p><em>Te ruego ir viendo la venta de las cosas que puedas efectuar. Sobre los terrenos y la casa, inf\u00f3rmame si hubiera alguien de Split que pudiera estar interesado en adquirirlos en un precio justo, ya que estoy seguro que nuestros coterr\u00e1neos isle\u00f1os carecen de efectivo necesario para comprar. Si te va mal con lo anterior, los campitos; Lucica, Dolas y Ragnac d\u00e9jalos en manos de nuestros primos Marinovic, para que los trabajen en su propio beneficio, salvo que Katija y su esposo no decidieran viajar y se mudaran a la isla para quedarse con nuestra casa y trabajarlos. Los otros, m\u00e1s retirados, como Milkotovo y Saldugne puedes dejarlos encargados con mis hermanas Mandina o Mar\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Comienza de inmediato con todos estos preparativos, ya que no puedo adquirir los pasajes con m\u00e1s anticipaci\u00f3n que seis meses y no se cu\u00e1nto te tardar\u00e1 poder vender y dejar todo en orden.<\/em><\/p>\n<p><em>Paulina, mi amor, no tardes tu regreso a m\u00ed y a tus hijos\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Tan pronto ella recibi\u00f3 la carta de su esposo, dej\u00f3 su casa y cosas encargadas a parientes para viajar a Zadar, y desde ah\u00ed a Preko, con el fin de visitar a su hija Katija y contarle que hab\u00eda llegado el momento.<\/p>\n<p>Katija la recibi\u00f3 llena de felicidad, junto a sus dos peque\u00f1os hijitos y esperando al tercero.<\/p>\n<p>\u2013Mamita, creo que ser\u00e1 dif\u00edcil acompa\u00f1arte. A Mateo le est\u00e1 yendo muy bien con su barco y piensa que pronto podr\u00e1 comprar otro. Por otro lado, mira c\u00f3mo ha ido creciendo la familia Loncar \u2013sonri\u00f3 se\u00f1alando sus reto\u00f1os que jugaban alrededor de su abuela\u2013. En relaci\u00f3n a mudarnos a Supetar, creo que para Mateo ser\u00eda posible y, para m\u00ed, ser\u00eda precioso volver a disfrutar la tierra que me vio nacer.<\/p>\n<p>\u2013Pero \u00bfc\u00f3mo voy a hacer el viaje sola? Nunca he viajado tan lejos, y eso ya me tiene nerviosa.<\/p>\n<p>\u2013No se preocupe mam\u00e1. Yo la acompa\u00f1ar\u00e9 en todo y la dejar\u00e9 a bordo del mism\u00edsimo barco, que la llevar\u00e1 a juntarse con mi pap\u00e1 y mis hermanos.<\/p>\n<p>Paulina regres\u00f3 triste con la respuesta de su hija. Sin embargo, entend\u00eda que, mientras transcurrieron los a\u00f1os, la vida de su Katija comenz\u00f3 a echar ra\u00edces propias y firmes en un nuevo hogar, el cual ya no pod\u00eda competir con su amor filial, por muy grande que este fuera. Era la ley de la vida.<\/p>\n<p>Pero, a\u00fan as\u00ed las cosas, la madre se puso, diligentemente, a cumplir con los preparativos necesarios para el ansiado reencuentro.<\/p>\n<p>Durante los primeros meses del a\u00f1o siguiente, tuvo todo solucionado y se apresur\u00f3 en d\u00e1rselo a conocer a su esposo en una detallada carta.<\/p>\n<p>Gregorio, tambi\u00e9n triste por la decisi\u00f3n de su hija, no le qued\u00f3 otra cosa que entenderla y procedi\u00f3 al env\u00edo del pasaje y el dinero para todos los menesteres necesarios.<\/p>\n<p>Se organizaron decenas de despedidas para la querida Paulina, por parte de todos sus parientes y numerosos amigos. Todos sent\u00edan que la larga espera, al fin hab\u00eda tenido su recompensa. L\u00e1grimas de pena y de alegr\u00eda se mezclaban, toda vez que sus familiares disfrutaban con que la Paulina hubiera alcanzado esa anhelada meta, pero sab\u00edan que tal vez no la volver\u00edan a ver. La situaci\u00f3n de esa \u00e9poca era muy diferente a nuestro mundo de hoy. Un viaje intercontinental, como ese, salvo que se fuera rico, era muy improbable repetirlo en un breve per\u00edodo de a\u00f1os. Quiz\u00e1s nunca.<\/p>\n<p>Katija finalmente se mud\u00f3, junto a sus ni\u00f1os y esposo, a Supetar para hacerse cargo de lo que le solicitaban sus padres. De ese modo, pod\u00eda ayudar a su mam\u00e1 en los preparativos del viaje hacia Italia, donde deb\u00eda abordar en los primeros d\u00edas de septiembre el vapor \u201cCesare Augusto\u201d de esa misma bandera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Puerto de G\u00e9nova, Italia, septiembre de 1939<\/strong><\/p>\n<p>Para la madre y su hija, quienes no hab\u00edan abandonado jam\u00e1s el territorio de su patria, ese viaje a Italia no era un asunto menor. \u00a1Qu\u00e9 decir del viaje que Paulina deb\u00eda emprender a continuaci\u00f3n!<\/p>\n<p>Por lo anterior, tomaron toda suerte de resguardos y precauciones con el fin de disponer de tiempo suficiente para estar en el puerto de embarque, al menos con algunos d\u00edas de antelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La agencia de la compa\u00f1\u00eda naviera hab\u00eda fijado como fecha de zarpe del \u201cCesare Augusto\u201d el d\u00eda 3 de septiembre. Las dos mujeres aparecieron por G\u00e9nova en la noche del d\u00eda 29 de agosto. Temprano, al d\u00eda siguiente, se dirigieron a las oficinas de la empresa, donde les fue confirmada la fecha de salida, visaron el pasaje de Paulina y recibieron las instrucciones respecto del equipaje y el sitio adonde deb\u00edan concurrir el d\u00eda del embarque.<\/p>\n<p>Por su parte, Katija, confirm\u00f3 su regreso a casa y las dos aprovecharon el tiempo que les restaba en regalonearse mutuamente y visitar esa importante ciudad italiana.<\/p>\n<p>El d\u00eda 1 de septiembre, cuando acudieron al comedor del peque\u00f1o hotel para almorzar, notaron una gran confusi\u00f3n de los pasajeros y del personal de servicio. Estaban todos pegados a un gran receptor de radio en el que, a gran volumen, se trasmit\u00eda un manifiesto del mism\u00edsimo Duce, Benito Mussolini.<\/p>\n<p><em>\u201cAl Popolo d\u2019Italia <\/em>\u2013comenzaba diciendo, con un trasfondo musical de marchas militares\u2013: <em>Esta ma\u00f1ana, 1\u00b0 de Septiembre, el valeroso ej\u00e9rcito alem\u00e1n ha invadido Polonia. Los aviones de la Luftwaffe han bombardeado cientos de kil\u00f3metros de l\u00ednea f\u00e9rrea, bloqueando cualquier intento de movilizaci\u00f3n polaco, y fuerzas de tierra se dirigen con rapidez hacia Varsovia y Brest.<\/em><\/p>\n<p><em>He dado especiales instrucciones a los jefes de nuestras fuerzas armadas de tierra, de mar y de aire para que se mantengan acuarteladas en precauci\u00f3n de cualquier efecto, directo o indirecto, que dichas acciones pudieran tener en nuestra patria.<\/em><\/p>\n<p><em>Asimismo, hoy orden\u00e9 a los ministros de mi gobierno, diversas medidas precautorias en sus distintas carteras, las que ser\u00e1n puestas de inmediato en marcha y dadas a conocer en bandos separados, por ministerios, a toda la ciudadan\u00eda \u2013<\/em>cerraba el mensaje la misma cortina musical, con marchas, y un vehemente \u00a1Viva Italia!, \u00a1Viva il Duce! por parte del locutor del gobierno fascista, cuya radio oficial transmit\u00eda el mensaje una y otra vez.<\/p>\n<p>Entre los anunciados bandos de los distintos ministerios, el correspondiente al Ministerio del Transporte se\u00f1al\u00f3 que todos los medios de transporte italianos, fueran estos p\u00fablicos o privados, quedaban bajo intervenci\u00f3n y requisici\u00f3n militar temporal, no pudiendo hacer abandono del territorio nacional. Asimismo, daba instrucciones a naves y aeronaves de regresar de inmediato a sus bases militares o bien a sus puertos de matr\u00edcula.<\/p>\n<p>As\u00ed se origin\u00f3 una nueva estaci\u00f3n, en el calvario de Paulina, para reencontrarse con su esposo e hijos.<\/p>\n<p>\u2013Mam\u00e1, no llore. Si tal vez sean medidas apresuradas, las que volver\u00e1n atr\u00e1s dentro de un par de d\u00edas. Ma\u00f1ana iremos a informarnos mejor, a las mismas oficinas.<\/p>\n<p>Cuando llegaron al edificio de la compa\u00f1\u00eda naviera, gran cantidad de militares y marinos se encontraban junto al personal administrativo. Todos en febril actividad. Paulina relat\u00f3 su triste drama a un oficial que la escuch\u00f3 pacientemente, pero igual se excus\u00f3 de no tener absolutamente ninguna alternativa que ofrecerle. Solo dio instrucciones de devolverle el importe del pasaje, en Liras italianas, y la consol\u00f3 dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p>\u2013<em>Signora m\u00eda<\/em>, recemos para que esto dure poco y usted pueda reunirse con los suyos.<\/p>\n<p>Lamentablemente, las cosas tomaron r\u00e1pido muy mal rumbo, y la situaci\u00f3n b\u00e9lica se expandi\u00f3, como un rel\u00e1mpago, cuyo funesto resplandor alcanz\u00f3 pronto a varios pa\u00edses y mat\u00f3 a m\u00e1s de cuarenta millones de seres humanos, dejando otros tantos heridos, inv\u00e1lidos y hu\u00e9rfanos, en los casi seis a\u00f1os de duraci\u00f3n del conflicto.<\/p>\n<p>Madre e hija regresaron amargadas y temerosas a su pa\u00eds, donde, en pocos d\u00edas, ya nadie las consolaba por lo ocurrido con el viaje a Chile. Todo el mundo s\u00f3lo ten\u00eda sus sentidos puestos en los acontecimientos b\u00e9licos. Dentro de muy poco, se encontraron con el fantasma de la guerra campeando en su propio territorio.<\/p>\n<p>\u2013<em>\u201cMi amado Gregorio <\/em>\u2013confirmaba las infaustas noticias a su esposo en una extensa carta, a pesar que \u00e9l estaba, como la mayor\u00eda del mundo, al tanto de lo acontecido\u2013: <em>Parece que Dios nos pone a prueba otra vez. He tenido que regresar desde G\u00e9nova a nuestra isla al declararse esta nueva guerra. Sin embargo, te prometo que resistir\u00e9 para reunirme contigo, en cuanto cesen las hostilidades, y este mundo loco retome la cordura. \u00a1Cu\u00e1nta raz\u00f3n ten\u00edas al llevarte a tiempo a nuestros hijos, liber\u00e1ndolos del sufrimiento que t\u00fa mismo experimentaste en el frente de guerra! <\/em><\/p>\n<p><em>Le he ofrecido a Dios este sacrificio de soledad y de angustia que me produce esta nueva guerra, en agradecimiento de que todos ustedes se encuentran a salvo en Chile.\u201d<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Antofagasta, Chile, a\u00f1os de 1939 al 1945<\/strong><\/p>\n<p><em>\u2013\u201cPaulinita querida,<\/em><\/p>\n<p><em>Como t\u00fa lo dices en tu carta, Dios nos ha puesto nuevamente a prueba. Como sus buenos hijos debemos confiar que su manto protector no permitir\u00e1 que nadie de nuestra familia sufra alg\u00fan percance y pronto retorne la paz. <\/em><\/p>\n<p><em>Creo que el mundo ya tuvo la lecci\u00f3n de la gran guerra. Conf\u00edo que eso servir\u00e1 para que los l\u00edderes de los pa\u00edses en disputa alcancen pronto un acuerdo de paz duradero. Mi Paulina \u00a1estoy seguro que as\u00ed ser\u00e1!<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Junto a nuestros hijos rezamos todos los d\u00edas para que as\u00ed sea y podamos, muy pronto, disfrutar la dicha de tenerte con nosotros para siempre\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, el optimismo inicial de Gregorio se vio ensombrecido paulatinamente. Cada vez, m\u00e1s pa\u00edses se sumaban al conflicto. Cada vez, m\u00e1s destrucci\u00f3n y muerte. Cada vez, la anhelada paz se ve\u00eda m\u00e1s distante.<\/p>\n<p>Con religiosa regularidad, todos los hijos y, por supuesto, su padre, enviaban toda la ayuda posible permitida, a trav\u00e9s de la Cruz Roja internacional, \u00fanico organismo de fiar para que la ayuda llegara a sus destinatarios.<\/p>\n<p>Afortunadamente para Chile, naci\u00f3n que opt\u00f3 por el bando de los aliados, no vio perjudicada su actividad. Aunque a un precio reducido, pudo colocar todas sus exportaciones de cobre en el mercado de Estados Unidos y, por tanto, la actividad en Chuquicamata se mantuvo firme y sostenida.<\/p>\n<p>Esta bonanza permiti\u00f3 que el hijo mayor de la familia, quisiera independizarse de la firma comercial de su padre y sus t\u00edos. Lo hizo formando su propia firma, adquiriendo muy pronto el Hotel Nuevo en Chuquicamata y, posteriormente, otro en la ciudad de Vicu\u00f1a, el Hotel Plaza.<\/p>\n<p>Pero Lorenzo no quiso desarrollarse solo, como perfectamente lo pudo haber hecho. Quiso compartir su innata capacidad empresarial, pidi\u00e9ndole a su padre que lo acompa\u00f1ara, no con su dinero, sino con su compa\u00f1\u00eda, su consejo y su experiencia. Del mismo modo, invit\u00f3 a sus dos hermanos a que le colaboraran en la administraci\u00f3n de sus hoteles. Nunca se supo de una pelea, ya que el joven empresario de esos a\u00f1os predicaba con el ejemplo de su propia dedicaci\u00f3n al trabajo y con un sentido de responsabilidad y de justicia con todos los que lo rodeaban. Sus hermanos y su padre lo quer\u00edan y admiraban.<\/p>\n<p>Sin embargo, para Gregorio, esta nueva vida, mucho m\u00e1s relajada, no fue lo buena que pudo haberse esperado. Pareciera que su relativa inactividad, sumada a una constante angustia motivada por la situaci\u00f3n que se viv\u00eda en Europa, en plena guerra, con todas sus miserias, no le sent\u00f3 nada bien en su salud.<\/p>\n<p>\u2013Hijo, no me he sentido muy bien \u00faltimamente \u2013se confes\u00f3 con su primog\u00e9nito \u2013siento un gran dolor al tragar los alimentos. No s\u00e9 que podr\u00e1 ser.<\/p>\n<p>\u2013No se preocupe pap\u00e1, esta misma tarde iremos al m\u00e9dico. Por el momento, trate de no fumar tanto. Yo creo que eso le puede estar causando da\u00f1o.<\/p>\n<p>Dif\u00edcil petici\u00f3n para quien hab\u00eda estado fumando por tantos a\u00f1os, desde la primera guerra, para matar el hambre. Despu\u00e9s, para hacer m\u00e1s llevadera su incompleta vida, sin su Paulina. Ahora, atormentado por la situaci\u00f3n que viv\u00edan los suyos en la vieja patria, la que parec\u00eda no terminar nunca. En fin, lo que le ped\u00eda su hijo era casi imposible. Por lo dem\u00e1s, como \u00e9l lo manifestaba, era su \u00fanico vicio, adquirido involuntariamente por las necesidades de una vida dura y llena de vicisitudes.<\/p>\n<p>El galeno mir\u00f3 al paciente con cierta conmiseraci\u00f3n, advirti\u00e9ndole:<\/p>\n<p>\u2013Parece, don Gregorio, que las cosas no est\u00e1n muy bien que digamos. En todo caso, le voy a dejar algunos remedios que le disminuir\u00e1n las molestias y habr\u00e1 que hacer algunos ex\u00e1menes.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico lo acompa\u00f1\u00f3 hasta el hall de su consulta, donde lo esperaba inquieto su hijo.<\/p>\n<p>\u2013Oye, Lorenzo, va a ser necesario efectuarle algunos ex\u00e1menes a don Gregorio. Buscar\u00e9 la direcci\u00f3n de un colega en Santiago que tiene los equipos adecuados. Ll\u00e1mame esta tarde por tel\u00e9fono \u2013le dijo, apret\u00e1ndole disimuladamente su brazo al despedirse, se\u00f1al que el otro interpret\u00f3 como algo delicado.<\/p>\n<p>\u2013Bien, te llamar\u00e9 en la tarde. Adi\u00f3s, y muchas gracias.<\/p>\n<p>Padre e hijo volvieron preocupados a su casa. Sin embargo, como si se hubieran puesto de acuerdo, trataron de restarle importancia.<\/p>\n<p>Esa misma tarde, Lorenzo llam\u00f3 al m\u00e9dico y confirm\u00f3 sus aprensiones.<\/p>\n<p>\u2013No te lo puedo confirmar con certeza \u2013le dijo su amigo\u2013, pero creo que tu pap\u00e1 tiene comprometido su es\u00f3fago con un gran tumor el que ha ido restando su capacidad de deglutir y que, posteriormente, puede traerle mayores consecuencias.<\/p>\n<p>\u2013Pero \u00bfqu\u00e9 tratamiento se puede intentar? \u00bfEs posible de operar?<\/p>\n<p>\u2013No lo s\u00e9, Lorenzo. Lo que yo me temo es que se trate de un c\u00e1ncer pero, en todo caso, debe ser confirmado con ex\u00e1menes especializados \u2013le entreg\u00f3 la direcci\u00f3n de su colega en Santiago y se despidi\u00f3, dese\u00e1ndole buena suerte.<\/p>\n<p>Lorenzo le confidenci\u00f3 a su esposa la situaci\u00f3n. Inmediatamente, ella se ofreci\u00f3 para convencerlo a viajar, cosa que no era f\u00e1cil de lograr.<\/p>\n<p>\u2013Don Gregorio, Lorenzo me cont\u00f3 que el m\u00e9dico le recomend\u00f3 efectuarse unos ex\u00e1menes en Santiago y creo que deber\u00eda preparar viaje lo m\u00e1s pronto posible. Con la salud no se juega, y todos lo queremos tener muy sanito para cuando llegue do\u00f1a Paulina.<\/p>\n<p>A pesar de los ruegos de su nuera, Gregorio no se dej\u00f3 convencer tan f\u00e1cilmente. Insist\u00eda en que con tomarse los remedios bastar\u00eda. Ambros\u00eda tuvo que apelar, finalmente, a otra t\u00e1ctica que pens\u00f3 era la \u00fanica que podr\u00eda resultar positiva. Lo convenci\u00f3 que ser\u00eda una excelente oportunidad para toda la familia tener un cambio de aire por unos d\u00edas, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os en el norte, sobre todo para la peque\u00f1a Lucita, quien era la adoraci\u00f3n de su abuelo.<\/p>\n<p>\u2013Bueno, si vamos todos, acompa\u00f1ados de la Lucita, podr\u00eda ser&#8230; \u2013dijo medio en serio, medio en broma.<\/p>\n<p>Ese \u201cpodr\u00eda ser\u201d fue interpretado por Lorenzo y su esposa como luz verde y, enseguida, procedieron con los preparativos del viaje recomendado por el m\u00e9dico.<\/p>\n<p>Al mes siguiente, pudieron dejar todo listo para embarcarse rumbo a Valpara\u00edso y desde ah\u00ed a Santiago. Tan pronto llegaron, Lorenzo acompa\u00f1\u00f3 a su padre a los ex\u00e1menes recomendados por el m\u00e9dico de Antofagasta.<\/p>\n<p>Lorenzo decidi\u00f3 ir solo a recoger los ex\u00e1menes cuando estos estuvieron listos, y pidi\u00f3 hablar con el m\u00e9dico.<\/p>\n<p>\u2013Se\u00f1or, su pap\u00e1 est\u00e1 con un c\u00e1ncer muy avanzado. Tiene una met\u00e1stasis generalizada en todo su organismo. Creo que le queda muy poco tiempo \u2013sentenci\u00f3 el m\u00e9dico, con la delicadeza que pudo.<\/p>\n<p>Cuando el hijo retorn\u00f3 a su casa, su padre ni siquiera le pregunt\u00f3 por el resultado. Parec\u00eda que imaginaba el diagn\u00f3stico.<\/p>\n<p>La versi\u00f3n que Lorenzo dio en familia, fue que su padre ten\u00eda que seguir en forma estricta las indicaciones del m\u00e9dico y ojal\u00e1 dejar el cigarrillo. Sin embargo, a su perspicaz mujer, no tuvo otra alternativa que confiarle la realidad.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, despu\u00e9s de casi un mes fuera de casa, la familia decidi\u00f3 retornar a Antofagasta. A Gregorio, cada d\u00eda se le hac\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil comer alimentos s\u00f3lidos, e incluso comenzaron algunos problemas respiratorios.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s disfrutaba, era el tener a su nietecita en brazos, habl\u00e1ndole cosas que la peque\u00f1a a\u00fan no pod\u00eda entenderle.<\/p>\n<p>\u2013T\u00fa, Lucita. T\u00fa, mi nietecita, eres la prolongaci\u00f3n de nuestra familia en esta nueva patria \u2013le dec\u00eda tiernamente\u2013. Ya conocer\u00e1s a tu abuela Paulina, que te contar\u00e1 lindos cuentos y te arrullar\u00e1 con sus canciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>En la mar, desde Valpara\u00edso a Antofagasta, julio de 1945<\/strong><\/p>\n<p>Las luces de las calles de Valpara\u00edso estaban encendidas. Era pleno invierno y el sol se pon\u00eda m\u00e1s temprano. La familia se acomod\u00f3 en dos camarotes contiguos en la M\/N \u201cTeno\u201d, de los registros de la compa\u00f1\u00eda Sud Americana de Vapores. En uno alojaba Gregorio y, en el de al lado, su hijo con su nuera y su nieta.<\/p>\n<p>Tan pronto estuvieron instalados, Gregorio manifest\u00f3 sus deseos de salir a cubierta. Obviamente quiso hacerlo acompa\u00f1ado de su peque\u00f1a regalona, a la que su madre le puso un ponchito que el abuelo le hab\u00eda regalado, protegi\u00e9ndola del fr\u00edo de esa tarde.<\/p>\n<p>El hombre se sent\u00f3 en uno de los esca\u00f1os dispuestos en cubierta para los pasajeros, con su nieta en brazos. Se comunicaba con ella en continuos arrumacos. Los padres de la ni\u00f1a, no queriendo interrumpir tan linda comunicaci\u00f3n sin palabras, optaron por quedarse en otro esca\u00f1o, disfrutando la escena del abuelo al que le quedaba poco tiempo y de su nietecita que lo trascender\u00eda en este mundo, lo que parec\u00eda llenarlo de paz y esperanza.<\/p>\n<p>La nave comenz\u00f3 pronto las faenas de desatraque de su sitio y, poco a poco, se fue retirando de tierra.<\/p>\n<p>Gregorio, al ver las luces que se iban empeque\u00f1eciendo por la distancia, record\u00f3 su despedida desde Supetar cuando Paulina, junto a todos sus hijos, los desped\u00eda llorosa en el puerto. Un par de l\u00e1grimas rodaron por sus mejillas, las que apresuradamente se sec\u00f3. \u00c9l era el <em>pater familis<\/em>, el viejo soldado de la Gran Guerra, el valiente aventurero en este nuevo ed\u00e9n. No quer\u00eda mostrarse d\u00e9bil ahora. Menos a\u00fan ante su nieta.<\/p>\n<p>\u2013Me entr\u00f3 una mugre en el ojo \u2013le mencion\u00f3 a la peque\u00f1a, como para excusarse\u2013. Claro que tambi\u00e9n me estaba acordando de mi Paulina \u00bfEntiendes? \u2013continu\u00f3, como si la peque\u00f1a lo comprendiera\u2013. Ella ya llegar\u00e1, y formaremos en esta tierra de paz, una familia feliz, lejos de la guerra. Por eso yo no vine a buscar en Chile s\u00f3lo una fortuna para luego regresar, como una vez lo intent\u00f3 tu bisabuelo materno, sino que vine a quedarme, para siempre \u2013termin\u00f3, junto a otro par de l\u00e1grimas que se le cayeron.<\/p>\n<p>Ya anochec\u00eda y las luces del puerto se perdieron. Lorenzo y su mujer persuadieron a Gregorio que abandonaran la cubierta hacia un sitio m\u00e1s abrigado.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima, Lucita querida! Ya no podemos seguir cont\u00e1ndonos m\u00e1s secretos \u2013y, d\u00e1ndole un beso, se la entreg\u00f3 a su madre.<\/p>\n<p>Durante el d\u00eda siguiente, Gregorio tuvo m\u00e1s dificultades que de costumbre para alimentarse y, a duras penas, pudo tragar algo de una papilla que su nuera le preparaba y le serv\u00eda en el camarote.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Eran las cuatro y media de la madrugada, y la M\/N \u201cTeno\u201d se encontraba en alta mar, aproximadamente en la mitad de su viaje.<\/p>\n<p>Varios golpes resonaron secos sobre el revestimiento de fina madera de los mamparos del camarote. Era la empu\u00f1adura del bast\u00f3n de Gregorio, que llamaba angustiado desde el camarote contiguo.<\/p>\n<p>Lorenzo salt\u00f3 de su litera y, a medio vestir, entr\u00f3 al camarote de su padre. Este, con la voz apenas audible, respiraba con gran dificultad por la falta de ox\u00edgeno.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Pap\u00e1, pap\u00e1! \u00bfQu\u00e9 le sucede?<\/p>\n<p>\u2013Me estoy ahogando, hijo m\u00edo.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Pap\u00e1! \u00a1Esp\u00e9reme un segundo que voy corriendo a ubicar el m\u00e9dico del barco!<\/p>\n<p>\u2013No hijo, no hay tiempo. Por favor, no te vayas y esc\u00fachame \u2013hizo un adem\u00e1n para que Lorenzo acercara su o\u00eddo a sus labios, ya casi morados\u2013. T\u00fa eres mi hijo mayor y el que siempre estuvo por m\u00e1s tiempo a mi lado. Debes ser la cabeza de la familia desde el momento que yo falte. Afianza, con tu ejemplo y rectitud, a toda mi descendencia en esta patria que nos acogi\u00f3 con respeto y nos brind\u00f3 trabajo y paz. Dile a Paulina, que mi gran desencanto en la vida y en este trance de muerte, es haberle fallado, porque creo que ya no tenemos tiempo de reunirnos en este mundo&#8230;<\/p>\n<p>\u2013\u00a1No diga eso, pap\u00e1! \u2013le replic\u00f3 Lorenzo entre sollozos\u2013. \u00a1Usted no se puede morir!<\/p>\n<p>Gregorio le sonr\u00edo con sus ojos a modo de toda respuesta y le extendi\u00f3 sus brazos, en un postrer esfuerzo.<\/p>\n<p>Padre e hijo sollozaron abrazados durante breves segundos, cuando un sacud\u00f3n estremeci\u00f3 el cuerpo de Gregorio. Hab\u00eda exhalado su \u00faltimo suspiro en alta mar.<\/p>\n<p>Su hijo, a\u00fan con la esperanza de reanimarlo, sali\u00f3 corriendo del camarote en demanda de ayuda, pero la llegada del m\u00e9dico s\u00f3lo sirvi\u00f3 para constatar el fallecimiento.<\/p>\n<p>\u2013Lo siento se\u00f1or, su padre ha muerto \u2013le dijo, condolido ante la amargura de su hijo y, sol\u00edcito, le ofreci\u00f3 su colaboraci\u00f3n\u2013. Enseguida le pedir\u00e9 al practicante de a bordo que venga a colaborarle con la triste tarea de vestirlo.<\/p>\n<p>Tan pronto vistieron el cad\u00e1ver y ordenaron sus cosas, el capit\u00e1n orden\u00f3 sellar el camarote y le pidi\u00f3 a Lorenzo entrevistarse con \u00e9l en el puente.<\/p>\n<p>\u2013Se\u00f1or, por favor acepte mis condolencias en nombre propio y de la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u2013Gracias, capit\u00e1n \u2013le contest\u00f3 muy emocionado.<\/p>\n<p>\u2013Sin embargo \u2013prosigui\u00f3 el capit\u00e1n\u2013, debo hacerle ver que tenemos un problema bastante complicado. Faltan casi dos d\u00edas para llegar a Antofagasta y, siendo as\u00ed, las disposiciones legales dicen que el funeral debe realizarse en el mar, por encontrarnos a m\u00e1s de doscientas millas del puerto de recalada.<\/p>\n<p>Lorenzo, quien ya no pod\u00eda con el dolor causado por la desgracia de la reciente p\u00e9rdida, deb\u00eda asumir ahora el tener que arrojar al mar el cuerpo de su padre.<\/p>\n<p>\u2013Pero, capit\u00e1n, \u00bfno podr\u00eda hacer una excepci\u00f3n? Por favor, p\u00f3ngase en mi lugar \u2013dijo relat\u00e1ndole brevemente la situaci\u00f3n de su familia.<\/p>\n<p>El capit\u00e1n lo mir\u00f3 indeciso. En ese momento, ingres\u00f3 al puente la esposa de Lorenzo con su peque\u00f1a en brazos. Al verlas, el capit\u00e1n no fue capaz de mantener su primera determinaci\u00f3n. Se dio cuenta de que el caso ameritaba tomar la responsabilidad de hacer una excepci\u00f3n al reglamento.<\/p>\n<p>\u2013Est\u00e1 bien, se\u00f1or Caglevic, no se preocupe. Yo me har\u00e9 responsable y avisar\u00e9 por radio a mi agencia en Antofagasta del fallecimiento del pasajero. A usted le ofrezco la radio del barco, para que pueda mandar todos los mensajes que precise, a sus hermanos, familiares o amigos.<\/p>\n<p>\u2013Muchas gracias, capit\u00e1n, es un gesto que no olvidar\u00e9.<\/p>\n<p>\u2013Est\u00e1 bien, se\u00f1or. Por favor, traten de descansar y av\u00edsenme de cualquier ayuda que precisen.<\/p>\n<p>La joven familia abandon\u00f3 abrazados el puente de mando y se dirigi\u00f3 al camarote, a llorar su pena.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Oficial de guardia! \u2013llam\u00f3 el capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2013Ordene mi capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2013Haga izar la se\u00f1al que navegamos con un fallecido a bordo y an\u00f3telo en la bit\u00e1cora, solo cuando falten doscientas millas para llegar a Antofagasta, el fallecimiento de don Gregorio Caglevic Simunic \u2013le silabe\u00f3\u2013. En todo caso, aqu\u00ed le dejo su carnet para que escriba sus apellidos, sin errores.<\/p>\n<p>Cuando la M\/N \u201cTeno\u201d, con su f\u00fanebre se\u00f1al enarbolada, se acerc\u00f3 al puerto, la autoridad sanitaria, a especial solicitud del capit\u00e1n, subi\u00f3 a bordo antes del atraque, para la inspecci\u00f3n de rigor y subir a bordo la urna mortuoria. El bondadoso oficial no quiso hacer esperar a la gran cantidad de amigos y parientes que esperaban al difunto Gregorio en el muelle, para acompa\u00f1arlo a la cercana catedral y, desde ah\u00ed, a su \u00faltima morada.<\/p>\n<p>Ya todos los pasajeros a bordo estaban enterados de lo sucedido y, esperando el atraque de la nave sobre la cubierta, guardaban respetuoso silencio. Del mismo modo, lo hac\u00edan los que esperaban en tierra. Solamente el sonido estrepitoso del ancla, al penetrar el agua, anunci\u00f3 el arribo de Gregorio.<\/p>\n<p>\u00c9l hab\u00eda llegado para anclar, por siempre, en esa tierra de esperanza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lorenzo Calgevi\u010d Bakovi\u010d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; CAGLEVI\u010c BAKOVI\u010c, Gregorio Lorenzo (Antofagasta, 1946) es marino, economista y escritor. 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